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Cruce diplomático por Malvinas: Londres ratificó su postura tras los anuncios de Milei

El Gobierno del Reino Unido respondió a la ofensiva política impulsada por Javier Milei en torno a la cuestión Malvinas y dejó en claro que no prevé modificar su posición sobre el archipiélago.

La reacción llegó después del discurso presidencial emitido por cadena nacional, en el que Milei anunció nuevas medidas contra empresas vinculadas con la explotación de hidrocarburos en las islas y anticipó un refuerzo de la presencia militar argentina en Tierra del Fuego.

El secretario de Defensa británico, Wes Streeting, defendió públicamente la posición de Londres y sostuvo que las Malvinas permanecen bajo soberanía británica. A través de sus redes sociales, argumentó que los habitantes del archipiélago respaldan su vínculo con el Reino Unido y calificó de inalterable la postura británica sobre el territorio.

Streeting también cuestionó el sentido político de las medidas anunciadas por Milei y consideró que responden principalmente a la dinámica interna de la Argentina.

La misma línea adoptó el canciller británico, Ed Miliband, quien volvió a descartar cualquier cambio en la posición oficial de Londres. El funcionario sostuvo que la continuidad del control británico sobre las islas cuenta, según su interpretación, con un amplio respaldo entre sus habitantes.

La disputa diplomática vuelve así a quedar atravesada por dos estrategias contrapuestas. Mientras el Gobierno argentino busca reforzar el reclamo de soberanía mediante medidas económicas, jurídicas y militares, el Reino Unido insiste en sostener el statu quo y reivindica la voluntad de los isleños como argumento central.

En su mensaje, Milei también anunció que las compañías petroleras que desarrollen actividades en las Malvinas enfrentarán sanciones más severas y restricciones para operar en territorio argentino. A esto sumó la decisión de ampliar los recursos destinados al Ministerio de Defensa para avanzar con una base naval en Tierra del Fuego.

El nuevo cruce entre ambos gobiernos vuelve a instalar la cuestión Malvinas en el escenario internacional y marca un endurecimiento del discurso de Buenos Aires, frente a una respuesta británica que mantiene sin cambios su posición histórica sobre el archipiélago.