MENDOZA

Más agua en Mendoza, pero con riesgo de cortes por las tormentas

Después de años de sequía, Mendoza ingresará al verano 2026/2027 con una situación hídrica muy diferente. La acumulación de nieve en la cordillera permitirá prever mayores aportes a los ríos y los pronósticos anticipan una temporada entre normal y húmeda en todas las cuencas.

Pero el cambio de escenario traerá un problema diferente: cuando el agua llegue en grandes cantidades y en poco tiempo, también puede aumentar la turbiedad y dificultar su tratamiento para consumo humano.

El deshielo será uno de los factores decisivos. Las temperaturas todavía moderadas durante noviembre limitarán inicialmente el aporte de la nieve, pero el panorama puede modificarse entre diciembre y enero, cuando el calor acelere el derretimiento en alta montaña.

Un deshielo rápido podría provocar fuertes incrementos de los caudales. A esto se suman las tormentas de verano, capaces de generar crecidas repentinas y transportar hacia los cauces grandes cantidades de barro, sedimentos y otros materiales.

El sistema hídrico deberá responder a esos cambios en períodos muy cortos. En sectores como el dique Cipolletti, las crecidas con elevada carga de sedimentos pueden obligar a modificar la operación de las compuertas y controlar el ingreso del agua.

La presencia de demasiadas partículas en suspensión puede impedir que el recurso sea captado normalmente para su tratamiento. En esos casos, las plantas potabilizadoras pueden quedar temporalmente condicionadas y producirse interrupciones del servicio en sectores del Gran Mendoza.

Esto explica por qué un verano con mayor disponibilidad hídrica no elimina el riesgo de cortes de agua potable. El inconveniente podría aparecer precisamente durante episodios de abundancia, cuando el caudal aumenta pero el agua llega con una turbiedad que complica su procesamiento.

La situación obliga a modificar la mirada sobre el manejo del agua en Mendoza. Tras una década marcada por bajos niveles de disponibilidad, las autoridades deberán enfrentar ahora un escenario en el que el desafío estará también en administrar grandes aportes en lapsos reducidos.

El manejo de los embalses, el seguimiento de los deshielos y la respuesta ante tormentas serán claves durante los próximos meses. El objetivo será aprovechar la recuperación de las cuencas sin que los episodios de crecidas y sedimentos terminen afectando el abastecimiento urbano.

Así, el verano 2026/2027 tendrá una particularidad: Mendoza contará con más agua, pero deberá estar preparada para los problemas que puede generar precisamente esa mayor cantidad de recurso.