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Irán habilita Ormuz tras la tregua y refuerza el control militar en el paso estratégico

Teherán aceptó un alto el fuego por dos semanas y confirmó que el estrecho de Ormuz permanecerá abierto, aunque bajo vigilancia militar, en un intento por descomprimir uno de los focos más sensibles del conflicto.

El gesto iraní llegó después de que Donald Trump retrocediera con sus amenazas de atacar objetivos civiles, condicionado a una tregua y a la reactivación de esta ruta clave por la que circula una porción vital del petróleo mundial.

Lejos de ser solo una pausa, Irán aprovechó el momento para mover fichas: presentó un plan de paz de diez puntos que incluye el fin de las hostilidades, el levantamiento de sanciones y la liberación de activos congelados. Aun así, dejó en claro que se trata de un acuerdo provisorio y que el escenario sigue abierto.

La tregua es también resultado de una intensa presión internacional. Pakistán encabezó las gestiones diplomáticas, con China como actor decisivo para frenar la escalada y evitar un impacto económico mayor. La iniciativa habría sido avalada por el líder supremo, Mojtaba Khamenei.

El próximo paso será clave: en los próximos días, representantes de ambos países se reunirán en Islamabad para iniciar negociaciones directas, en busca de una salida más duradera.

Mientras tanto, el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz se reanudará con condiciones. Irán permitirá el paso de buques, pero con controles y posibles restricciones que aún generan incertidumbre en el comercio internacional.

Entre los puntos más sensibles aparece el pedido iraní de retirar las fuerzas estadounidenses de la región, una exigencia que podría complicar las negociaciones.

La tregua baja la tensión, pero no resuelve el conflicto. El equilibrio es frágil y cualquier movimiento podría volver a encender la crisis.