Miles de personas disfrutaron la Vía Blanca de las Reinas en una noche a puro color vendimial
La Vía Blanca de las Reinas volvió a llenar de color y entusiasmo las calles del microcentro mendocino. Con la presencia de turistas de distintos países y miles de mendocinos, el tradicional desfile comenzó poco después de las 21 en la intersección de San Martín y José Vicente Zapata, marcando uno de los momentos más esperados de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
Como ocurre cada año, el recorrido convocó a una multitud que se acomodó en veredas, bares y cafés para seguir de cerca el paso de los carros vendimiales de cada departamento. A lo largo del trayecto, el público acompañó con aplausos, saludos y cánticos a las candidatas que representan a sus comunas.
Entre la multitud también se destacaron las familias y amigos de las aspirantes al cetro vendimial, que alentaron con pancartas hechas a mano, fotografías y banderas con los colores de sus departamentos. En cada esquina se escuchaban nombres y gritos de aliento que transformaron el desfile en una verdadera fiesta popular.
Para muchos visitantes, se trató de su primer contacto con las celebraciones vendimiales. El despliegue de carros, música y vestuarios, sumado al entusiasmo del público local, sorprendió a quienes llegaron a Mendoza para vivir de cerca esta tradición que forma parte central de la identidad cultural de la provincia.
Uno de los instantes más celebrados se produce cuando desde los carros comienzan a arrojarse frutos de la cosecha. Uvas, manzanas y otros productos vuelan hacia el público, que levanta las manos e improvisa gorras, camperas o bolsos para intentar atraparlos. Cada fruto que logra quedarse en manos de alguien desata risas, aplausos y pequeños festejos entre los presentes.
Otro momento cargado de emoción fue el paso de la Virgen del Carmen de Cuyo, patrona y generala del Ejército de los Andes. Su presencia despierta un profundo respeto entre los mendocinos, que acompañan su recorrido con aplausos y gestos de devoción. Para muchos, se trata de un símbolo inseparable de la historia y las tradiciones de Mendoza, presente en los grandes acontecimientos culturales y religiosos de la provincia.


